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¡Qué rápido pasa el tiempo!, parece que fue ayer.

Las mudanzas tienen un efecto catártico, de profunda renovación, más allá del cambio de

ubicación, se tiran cosas, se venden cosas, se compran cosas, se reencuentra uno con

recuerdos y objetos que tienen un especial y renovado significado.

Entre esas cosas me encontré con un libro de Ajedrez sobre los equipos olímpicos de

Ajedrez Argentino de la primera época. Caí entonces en cuenta que en mi juventud

ajedrecística había jugado con tres de esos históricos maestros.

Me di cuenta ahora (diría el viejo dicho “tarde piaste”) de la importancia que esas

partidas.

Los tres históricos fueron el gran Jacobo Bolbochán, integrante del primer equipo olímpico

del año 1924, el” tanque” Isaías Pleci de extraordinaria actuación en la olimpiada

celebrada en Buenos Aires en el año 1939, y Luis Piazzini hombre de fortuna que, además

de ser un eximio maestro, ayudaba económicamente a los equipos olímpicos de la época.

Jugadores que nacieron con el Siglo XX, que establecieron las bases para el desarrollo de

las futuras actuaciones descollantes de Argentina en la década de los 50´s dónde se

obtuvieron dos subcampeonatos olímpicos.

¡Cómo pasa el tiempo!, en un abrir y cerrar de ojos estamos en el Siglo XXI, con la edad

que esos próceres tenían cuando los enfrenté.

Hoy valoro la experiencia, pero en los 70´s, joven optimista, entusiasta, carecí de la

sabiduría para apreciar en su justa medida el enorme valor que tenía ese diálogo con

semejantes e históricos rivales.

Más vale tarde que nunca, todavía puedo hacer un acto de contrición y decirles adónde

quiera que estén ¡muchas gracias maestros por toda su sabiduría y por los jaques

compartidos!

 
 
 

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