La esencia de los campeones mundiales
- Silvio Pla
- 30 jun 2025
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Steinitz, Lasker, Capablanca, y todos los demás campeones mundiales fueron excepcionales, dominaron el escenario ajedrecístico, cada uno en su época, y además lo hicieron con un estilo peculiar, único que los caracterizaba. Steinitz, el primer campeón mundial, el filósofo del Ajedrez, él dicto las leyes del juego posicional que cambiarían la forma de abordar la partida, es que hay un antes y un después de Steinitz, tal es la importancia de su contribución. Lasker, el campeón que hizo de la lucha tenaz e imaginativa un recurso para sobrevivir en mil batallas. Capablanca el tercer campeón mundial, su estilo claro y aparentemente sencillo cautivó a todos tanto como su carismática personalidad. El inesperado Alekhine, que en Buenos Aires, en el año 1927 derrotó a la máquina del Ajedrez, el cubano José Raúl Capablanca, con un estilo completo, no solo el dueño de una increíble imaginación y un poder de cálculo único, sino luchando al tú por tú en el posicional estilo del campeón. Luego y por breve tiempo apareció el matemático Euwe, dos años de estar el la cima, 1935 a 1937, luego el campéon derrotado recuperaría el título en el Match revancha. La guerra todo lo transformaría, no sólo por el necesario impasse de torneos sino que el campeón moriría en un misterioso accidente, tal vez consecuencia de la misma guerra, que no quería finalizar sin llevarse una víctima ilustre. Y nos quedamos sin campeón, del Torneo La Haya - Moscú del año 1948, surge el Patriarca, el científico Botvinnik, inaugurando la época del Ajedrez Moderno, mucho más sofisticado en cuanto a la preparación de las aperturas, y de la competencia en general. Botvinnik además inaugura una época dorada del Ajedrez Soviético. Smyslov, el rey de la armonía, Tal, el maestro de las combinaciones sorprendentes, del ajedrez vibrante, que hacía temblar al tablero, el "Mago de Riga", Petrosian, el hombre de hierro, dueño de una visión única para anticipar el peligro, artista de la profilaxis, Spassky, el elegante jugador de ataque, el del estilo universal del juego. Y toda esa pléyade de monstruos del tablero, que nace de la fábrica de talentos del gran Botvinnik, no sólo de los campeones mundiales mencionados, también estaban los campeones sin corona, con verdadero nivel de campeón mundial pero, sin el título como Flohr, Keres, Geller, Korchnoi, Polugaievsky, Stein, entre los más destacados. La URSS, Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas dominó totalmente el Ajedrez olímpico desde los 50´s hasta los 80´s, incluso venciendo en un match contra el Resto del Mundo. Pero toda esa impresionante fortaleza, fue barrida por el genio de Brooklyn, Robert James "Bobby" Fischer que en los 60´s ya era probablemente el mejor ajedrecista del mundo y arrebató el título a los Soviéticos en el año 1972, con un estilo Capablanquino, pero con un deseo de lucha enorme, que no desaparecía hasta lograr hacer inclinar al rey contrario, en señal de derrota. Con un record impresionante desde los años 60´s hasta que obtuvo el campeonato mundial en el año 1972. Ganó todos los torneos que jugó, menos dos. Y los ganó con total autoridad, varios puntos de ventaja sobre su más inmediato perseguidor, por eso Timman lo denominó, "The unstoppable American", así que fue el "Imparable", una topadora que arrasó con todos hasta llegar al campeonato mundial, pero con algunos problemas que él mismo planteaba por las exigencias económicas y de condiciones de juego en general, pero eso según Karpov le hizo un enorme favor a los Ajedrecistas Profesionales que vinieron después de él. ( Según Tolia fue el que más hizo por el Ajedrez).
Y después del ostracismo voluntario del genio vinieron, Karpov, el artista de las posiciones igualadas, y Kasparov, "el ogro de Baku", imaginación y cálculo en su máxima expresión. Si Karpov fue Capablanca en versión moderna, Kasparov fue Alekhine.
Y ya entramos luego en la época actual, Kramnik, Anand, Carlsen, Gukesh, y los que vendrán, destacando por cierto el dominio claro de Magnus Carlsen en los últimos 12 años. Esa es la historia que aún se está escribiendo. Como muestra de tanto talento veamos una producción del primer campeón mundial, Wilheim Steinitz




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